Esta mañana, en la orilla del mar, he estado leyendo una revista que tenía pendiente desde hacía tiempo. El sol, la brisa de marzo todavía fresca y el intenso olor a mar han hecho del momento algo muy interesante. El primer artículo de la edición decía así:

Toma la calle de la derecha, luego gira a la izquierda y baja hasta la avenida.

Es lo que suele decir a sus invitados cuando dejan su casa. Sin embargo, esta vez no llega a hacerlo, porque cuando, solícito, le pregunta a su amigo si sabrá encontrar el camino, éste sonríe y responde: Me encantará descubrirlo.

Este fragmento me ha hecho pensar sobre  la tendencia que tenemos a seguir lo pactado, lo establecido por los demás. Cuando viajas, tenemos la opción de seguir el camino de los que estuvieron antes allí, seguir  lo que nos describe la guía de turno y ver lo que vieron tantos otros antes y dejando de ver y vivir lo que dejaron de ver y vivir tantos otros antes que hicieron ese camino.

¿Por qué cuando viajamos es tan importante no dejarse ni uno de los lugares señalados en las guías? Quizá nos exigimos demasiado y queremos cumplir con las espectativas de quien escribió la guía o con nuestros amigos o simplemente por no ser menos que otros. Permítete dejar de ver alguna cosa de las que aparecen en la guía, permítete descubrir el lugar en el que estás. Ve a comprar a una tienda o entra en un bar de barrio, piérdete por las callejuelas, observa a la gente y olvida por unas horas dónde estás y a dónde tienes que ir. Empápate de ese momento.

Practica la humildad del no saber, de no disponer de las respuestas a todo, de saber por dónde vamos y hacia dónde. Deja el planning a un lado. Permítete cambiarlo sobre la marcha, porque cuando lo hiciste estabas en tu casa, frente a una guía o toneladas de información de otra gente que había estado allí antes que tú. Pero quien está ahí ahora eres tú, y la realidad que te envuelve es totalmente diferente, porque tú eres diferente.

Fluir en tu viaje te va a permitir descubrir pequeños  tesoros. Y no me refiero sólo a rincones o edificios, sinó a olores, forma de vida, sabores, conversaciones con los lugareños,… montones de cosas que no aparecen en las gúias, ni estaban previstas en tu plan de viaje. Estos descubrimientos son los que más recuerdas cuando vuelves a casa. Por algo será.

¡Que te encante descubrir tu camino!



Billete de avión hacia la Barcelona venezolana.
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Cruz en el paseo marítimo que le da nombre a la ciudad.
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Puerto la Cruz, zona roja.

2 comentarios

  1. 21 marzo, 2011 a 10:22 — Responder

    AMÉN. ;)

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