Por fin ha llegó el momento de irme a Lisboa. Es sólo un fin de semana, pero hacía tiempo que no viajaba y me hacía ilusión hacer algo, aunque cortito.

Me he ido al aeropuerto del Prat directo desde el trabajo para coger el avión con suficiente tiempo, y así poderme leer la guía de Lisboa que llevo y tomar notas de algunas cosas. En lo que no caí es que en Easyjet, no tienes asiento asignado y hay que hacer cola para entrar de los primeros si quieres encontrar sitio para poner la maleta cerca de tu asiento. Cuando levanté la vista había una cola enorme frente a la cola de embarque y todavía faltaban treinta minutos para embarcar. Pues nada, a hacer cola y paciencia. Me sobraron los comentarios de los de detrás mío hablando sobre una amiga que tenía pánico a volar y que tenía claustrofobía y que…. es que en realidad yo odio volar.

Las que me atendieron no se parecían a estas... y tenían mala leche.

Las que me atendieron no se parecían a estas... y tenían mala leche.

La llegada a Lisboa sin incidentes destacados aparte de las típicas discusiones por el tamaño y número de bultos de mano que se pueden llevar por persona en el avión.

Me encuentro una Lisboa, oculta bajo una espesa capa de niebla… “¡No veo ná!”. Cojo el AeroBus (siguiendo las indicaciones de la señorita de información) que me dejará en el centro de la ciudad (Plaza do Restauradores). Una vez allí, caigo en que no he cogido la dirección del hotel y que no he mirado cómo llegar desde la plaza al hotel. Entro a preguntar en el Hotel Altis Avenida, donde muy amablemente hasta me imprimieron una hoja con la situación de mi hotel (Evidencia Light Sta. Caterina). Estrené el elevador de las Glorias (hacia Barrio Alto) y caminé un buen rato disfrutando de una buena temperatura y de una ciudad desconocida sumergida en la niebla. Al llegar me di cuenta de la vuelta tan descomunal que había hecho para llegar… La próxima vez no me dejaré el mapa de la zona con la dirección bien apuntada.

Lisboa bajo la niebla

Lisboa bajo la niebla

El hotel estupendo. Curioso, como ya os comenté. Bajo coste, y reducción de servicios, claro. Me tuve que hacer yo la cama. Me ducho y salgo hambriento decidido a empezar a disfrutar de la gastronomía lisboeta. Encuentro un restaurante (o Minhoto) que parece asequible donde suena una versión de la banda sonora de “Dirty dancing” en versión sinfónica en un entorno tradicional decorado con miniaturas de motos en las paredes.  Haciendo caso de los consejos y de la guía rechazo el pan la mantequilla y el plato de quesos que te ofrecen en cuanto de sientas en la mesa y que suele salir casi por el precio de media cena. Descubro algo muy típico de lisboa que son las sopas. Platos de sopa muy económicos (1,30€) que sirven a modo de entrantes. Suelen ser de verduras, pero están ricas y en calentito para la humedad del momento te van de lo mejor. El plato de bacalao al horno es algo espectacular. La cena no sale cara (18,30€) y he comido de maravilla. Aprovecho el momento para aprender mis primeras palabras de portugués: Moito bo (muy bueno), Obrigado (gracias) y de nada (de nada). Todo ello con el acento correspondiente, claro. Ya estoy preparado para lo que sea.

Interior del restaurante O Minhoto

Interior del restaurante O Minhoto

La cuenta de la cena

La cuenta de la cena

Cuando salgo a la calle, apenas son las 23:30h y el barrio alto se ha transformado. Multitud de bares habían abierto sus puertas donde antes no parecía haber más que casas vacías. La gente invade la calle y charla animadamanete mientras toma sus copas. Los locales, vacíos. En Lisboa, la gente acostumbra a pedir la consumición y salir a la calle a tomársela mientras charla al fresco con los amigos. Además, las consumiciones están bastante económicas. Barrio alto está repleto de bares y pubs y en algunas calles es hasta complicado pasar por ellas de la cantidad de gente que se acumula. Sin duda un buen lugar para ir a conocer gente con los amigos.

Al día siguiente me levanto pronto para empezar mi ruta por la ciudad. Tengo muchas cosas que ver y poco tiempo. Cojo el tranvía 28 y me dirijo hacia la Casa dos Bicos, que me decepciona bastante. Está en obras y no se puede ver muy bien. Además la niebla está más espesa todavía y  ni siquiera se ve la costa… Me voy colina arriba hacia la catedral. Me he levantado tan pronto que obviamente está cerrada (abre a las 10h.). Aprovecho para ir a un horno cercano a desayunar. Pruebo los Pastéis de Nata. Increíbles. Dos pasteles y un café 1,90€, impensable en Barcelona. Mientras, y a las abuelillas trepando por las empinadas calles. Decido que tengo que hacer la ruta del tranvía 28 enterita. A ver si el domingo por la mañana me da tiempo.

Catedral de Santa Maria. Los tranvías pasan junto a ella.

Catedral de Santa Maria. Los tranvías pasan junto a ella.

Por delante de la catedral de Santa Maria la Maior pasan los tranvías y aprovecho para sacar algunas fotos mientras hago tiempo. Una vez dentro, visito el cláustro (2,5€) y las excabaciones arqueológicas que me sorprenden. Parece mentira cómo en un mismo lugar se encuentran restos de la edad de hierro, la época romana, un palacio musulmán, restos de la edad media y siglo XVII. Todo ello fue tapado para la construcción de la catedral y su cláustro en el siglo XVIII.

Los restos arqueológicos en el cláustro de la catedral

Los restos arqueológicos en el cláustro de la catedral

De camino al Castelo de Sao Jorge, me pierdo por las callejuelas del Barrio de Alfama. Cada calle, cada rincón esconde algo curioso. Una tienda, una casa en ruinas, un patio interior…

Casas con fachadas cubiertas de azulejos

Casas con fachadas cubiertas de azulejos

Finalmente llego al castillo y aprovecho mi carnet de estudiante para ahorrarme la mitad de la entrada. Algo es algo. El castillo está muy bien restaurado y en él hay una exposición donde se explica el proceso de deconstrucción que se llevó a cabo  para recuperar y reconstruirlo tal y como era en su origen.

Entrada del Castelo de Sao Jorge

Entrada del Castelo de Sao Jorge

Me sorprenden unos pavos reales que presiden un enorme pino junto al museo del castillo. Pobre del que se siente en la terraza del bar que está justo a la sombra del pino cuando al pollo se le ocurra…

Pavos reales como loros en las ramas de los árboles

Pavos reales como loros en las ramas de los árboles

Tanto subir y bajar murallas y callejuelas, me ha entrado un hambre tremendo. Intento encontrar una panadería muy interesante que encontré al subir al castillo para tomarme algo, pero es inútil. No la encuentro. Así que me vuelvo caminando hacia la zona del hotel para intentar encontrar el restaurante de anoche donde vi un plato con una brocheta de calamar que impresionaba. Mi gozo en un pozo, el restaurante esta cerrado. Así que busco otro cerca. Finalmente como muy bien en el restaurante “Estalagem dos capotes brancos”, en la calle Rua do Diário de Noticias 151.  Es un restaurante familiar, sencillo en el que resultó que el dueño, José Fernandez (Pepe según le conocen en el pueblo) es de Mondáriz, Pontevedra. Y yo intentando hablarle con mis tres frases de portugués…qué lástima. Lo mejor del menú, el postre: la delicia de la casa. Una copa a base de nata, leche condensada y galleta. Repito y me como dos. Ligerito, ligerito.

Dulce de la casa, con mi guía al fondo donde lo apunto todo.

Dulce de la casa, con mi guía al fondo donde lo apunto todo.

Mientras me tomo el café planifico la tarde. Cambio los planes y decido irme hacia el barrio de Belém para visitar la torre y el monumento a los descubridores. Suerte que lo hice así, porque viendo las distancias sobre el lugar, el domingo no me hubiera dado tiempo. Durante el trayecto del tranvía 15E, que te lleva hasta el Convento de los Jerónimos (también digno de verse) se pasa por debajo del puente 25 de abril. Que impresiona por su altura y doble planta (la superior para tráfico rodado) y la inferior para el ferrocarril. Nunca había visto un puente tan grande.

Puente 25 de abril, enorme.

Puente 25 de abril, enorme.

Después, paso por delante de la pastelería más famosa de Lisboa. Es impresionante la cola que hay en la calle para entrar a comprar los famosos pastelillos. Descarto la idea de entrar porque no me daría tiempo a visitar la torre. Queda pendiente para otro viaje a Lisboa.

Cola frente a la pastelería para comprar los pasteles de nata.

Cola frente a la pastelería para comprar los pasteles de nata.

La torre de Belém tiene bien poca cosa que visitar por dentro, pero vale la pena perderse un rato por sus pisos y almenas y disfrutar de la brisa fría y el poco sol del atardecer que el clima decidió ofrecerme. En este caso, precio único 5€ sin posibilidad de descuento si no eres jubilado. La torre en si, es más curiosa por lo que es que por su contenido. Eché en falta algún tipo de información o exposición que ilustrara mejor la historia de la torre. Pero bueno, no está mal. Aprovecho para hacer una buena colección de fotografías. Los torreones son rincones perfectos para encerrarse un buen rato tranquilo mirando las vistas y disfrutando del momento.

Autoretrato en la Torre de Belém mientras paso frío y disfruto de las vistas.

Autoretrato en la Torre de Belém mientras paso frío y disfruto de las vistas.

Vista desde lo alto de la torre. Al fondo a la derecha el monumento a los descubridores.

Vista desde lo alto de la torre. Al fondo a la derecha el monumento a los descubridores.

Salgo de la torre un poco helado de frío, de camino al monumento de los descubridores.  Se ve al fondo, pero está bastante lejos. Así que la caminata y el frío me quitan un poco las ganas de pasar mucho rato visitándola. Paso, hago la foto y adelante.

Monumento dos Descubridores. El mirador de arriba está abierto para los más atrevidos.

Monumento dos Descubridores. El mirador de arriba está abierto para los más atrevidos.

Para volver cojo de nuevo el tranvía E15 que me deja en la estación de tren de Cais do Sodré, y allí camino un poco y decido coger el elevador da Bicas, que me deja muy cerquita del hotel. Estoy  cansado y la vuelta se me hace eterna. Todavía no sé que lógica de horarios llevan los elevadores, porque nos tuvieron esperando como veinte minutos hasta que el conductor decidio hacer un viaje de subida. ¿Quizá espera a que se llene el de arriba? No, porque bajó vacío. Mientras tanto el conductor lee el periódico…debe ser eso lo que marca la periodicidad. Bueno, me lo tomo con calma. Estoy agotado y heñado, así que el rato de espera me sirve para descansar un poco mientras reviso algunas fotos. Esta me gusta en especial y me imagino a los antiguos cuando avistaban  desde ese ventanal los barcos que entraban a la ciudad, previo pago de los impuestos correspondientes en la misma torre.

Vista desde la Torre de Belém desde donde se controlaba el tráfico marítimo.

Vista desde la Torre de Belém desde donde se controlaba el tráfico marítimo.

Por fin en el hotel, ducha y un rato en el salón de televisión viendo los Simpsons en versión original.  Aprovecho para conectarme y revisar el correo. Todo tranquilo si no fuera porque se presentó una chica llorando a lágrima partida por algo que obviamente no pregunté, y que estuvo como una hora hablando por skype llorando y sólo entendía algo relacionado con Facebook (hablaba en árabe)… Le ofrecí mi ayuda por si necesitaba algo y me retiré discretamente al salón de al lado hasta que acabó. Qué situación tan extraña…

Quería haberme acercado al barrio de Chido por la noche a dar una vuelta por las tiendas y ver la ciudad iluminada, pero estaba muy cansado y ya me había paseado suficiente, así que me fui a cenar algo rápido y a descansar. Fue el peor  frankfurt que he comido en la vida…  La animación en las calles y bares era, si cabe, más grande que la del vierne y me la iba a perder… pero estaba bien cansado y preferí dormir tranquilo y caliente después del frío que había pasado toda la tarde. Mañana será otro día.

 

[OA-Lisboa]

 

Artículo anterior

Operación Lisboa: Objetivo conseguido

Artículo siguiente

Diario de un fin de semana en Lisboa (2a parte)

10 comentarios

  1. […] castallana. Respecto a la Casa dos Bicos, podéis encontrar más informacion aquí durante mi visita a Lisboa. dtsv.dtse_post_1317_permalink = 'http://www.vueloviajehotel.com/2011/02/1317/'; […]

  2. 21 marzo, 2011 a 22:18 — Responder

    Estupenda crónica de de tu primer día. Me está sirviendo de gran ayuda ya que en Abril voy unos días a Lisboa. Te sigo leyendo.
    Enhorabuena por el blog.
    Un saludo.

    • 22 marzo, 2011 a 8:07 — Responder

      Muchísimas gracias! Cualquier cosa que necesites ya sabes!

  3. Margarita
    13 agosto, 2012 a 18:16 — Responder

    Que lindo soy Argentina viví 30 años con un portuguez tuvimos dos filios, y quiero visitar Portugal, por favor cuéntenme mas sobre Portugal.

    • 3 septiembre, 2012 a 8:35 — Responder

      Hola Margarita! gracias por tu entusiasmo y no dejes de tenerlo. Visita Portugal en cuanto puedas, vale la pena. Yo hace tiempo que no he vuelto, pero tengo pendiente rematar Lisboa en una escapada. Lo contaré, lo contaré.

      un saludo!

  4. 20 enero, 2013 a 18:29 — Responder

    Me ha gustado mucho tu diario, yo tambien he preparado uno parecido de mi visita a Lisboa..

    Un saludo,

    http://byesca.blogspot.com.es/2013/01/lisboa-escapada-de-fin-de-semana-dia-1.html

    • 21 enero, 2013 a 10:24 — Responder

      Disfrútalo Iñigo. Lisboa es una ciudad encantadora con muchas cosas que descubrir!

  5. 28 febrero, 2013 a 16:42 — Responder

    Hola, que tal. Me ha gustado bastante tu blog, muy bien explicado y ameno. Por cierto ¿Me podrías decir cuales son los pasos a seguir para crear un blog para mis próximos viajes, escapadas…? ¿Es gratuito, recibes algún aviso cuando alguien lo visita?

    Graciaa de antemano. Un saludo

  6. 3 diciembre, 2013 a 0:40 — Responder

    Muy buen post sobre Lisboa JD y muy bueno el blog. Sin duda original, con lo difícil que es hacer eso en un blog de viajes.
    Un saludo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *