Día 17

Madrugón para irme a una isla a la que pocos prestan atención en la costa de Trang (sur de Tailandia). Ko Muk. Un bote de popa larga, una moto taxi, una mini van y  un barco destartalado a modo de ferry después, llego a destino. Mi intención espasar un par de días más de tranquilidad y playa en la isla, pero me decepciona lo que encuentro. Ko muk es una isla para perderte y no hacer nada. Hasta ahí bien, si no fuera porque saliendo del resort (del que yo era el único huesped) se denota una cierta miseria. La población vive en condiciones bastante precarias y rodeados de basura por todas partes. Puede valer si eres de los de quedarte encerrado en tu jaula y no eres de los de perderte por los sitios. No era lo que me apetecía en aquel momento.

Así que como  el lugar no me convence (mi resort está a una hora de las playas del norte y estoy yo solo en él) aprovecho la tarde para replanificar mi viaje mientras los mosquitos, ábidos de sangre fresca se dan un festín con mis pies. Lo preparo todo para pasar los próximos días en Langkawi (Malaysia)

Teleférico y sky bridge en Langkawi.

Teleférico y sky bridge en Langkawi.

Día 18

El camino hasta Langkawi es largo, pero uno de los que más he disfrutado. Me he decido por coger el autobús local hasta Satún, en el sur. Han sido casi 5 horas de autobús, viento, ventanas abiertas, humo y lluvia, mientras he estado viendo los pueblos, sus gentes y plantaciones de árboles del caucho del sur del país. Sensacional.

Para llegar al puerto del ferry tengo que coger una moto taxi de la que el casco me va enorme y se me cae para delante y no veo nada, sólo sé que el tipo corre mucho y quiero llegar cuanto antes para acabar con aquello. Al llegar, tromba de agua de la que nos libramos por los pelos… Parece que en Malaysia el monzón está pegando más fuerte que en Tailandia.

Día 19

Mi habitación en Langkawi tiene la ventana directamente a la playa y aunque no es ninguna maravilla, está estupenda. Mis planes de subir al Cable Car y Sky bridge entre las montañas de la isla se fustra por una tremenda tromba de agua que dura varias horas. Cuando amaina, me alquilan una moto a la que no le funciona el indicador de gasolina ni el cuenta kilómetros. El tipo dice que total que no importa. ¿como? Sólo me faltaba quedarme tirado sin gasolina en medio de la isla. La cambio por otra más estupenda y en perfectas condiciones.

Hago migas con un matrimonio de una de las agencias de viajes de allí y por la noche me dan un tour por la isla para ver la ciudad denoche y el símbolo nacional de Langkawi, el águila real.

Día 20

El tiempo se comporta y me lanzo a la aventura con mi motillo, mi casco y mi plano hacia el Cable Car. ¡Por fin iba a subir al Sky Bridge de Langkawi! Moverse en moto por la isla es para disfrutarlo. Vale la pena hacerlo. Por fin llego al susodicho lugar y entre emocionado y un tanto espantado por la magnitud y altura del teleférico que tiene que llevarme al Sky Bridge, se me cae todo al suelo cuando la señorita me anuncia que el Sky Bridge está cerrado durante una semana porque están filmando una película de boliwood. ¡¡¡Mecachis*!!!! (* expresión malsonante sustituída por otra de contundencia aproximada y apta para todos los oídos)

La subida en teleférico te pone los pelos de punta. La altura y la distancia entre postes es enorme y da cosita (mucha cosita) mirar al vacío a aquella altura. Agradezco poner los pies en el suelo, aunque sea sólo para ver el Sky Bridge en la distancia. Las vistas de toda la isla desde allí arriba son impresionantes.

Disfruto de las playas del norte, y las cascadas de la zona mientras estoy pendiente de que los monos no me roben la ropa de la orilla.

Paso el resto del día perdiéndome por el interior de la isla entre los arrozales. Cena en restaurante musulmán mientras escuchamos a un volumen desmesurado la pregaria del ramadán por la megafonía. Se me saltan los lagrimones mientras me como una sopa Tom Yum (o tom yan o tom yang, la verás escrita de mil maneras) muy picante mientras agradezco que la plegaria termine y la lluvia aguante hasta que termino.

Día 21

Cojo la moto y me voy al noreste de la isla, a la que dicen es la mejor playa de Langkawi. No se quedan cortos. Es grande, limpia, de arenas blancas y muy, muy tranquila. De echo es prácricamente la playa privada de los resorts de lujo más importantes. Me doy un homenaje en el restaurante del resort mientras se forma una tormenta y nubes negras en el horizonte que crean una combinación de colores espectacular con la arena blanca de la playa.

Mi incidente con la moto, el casco y un animal salvaje de la fauna de la isla es digna de no ser mencionada, y agradezco que nadie me viera, porque luego pensándolo bien fue bastante ridícula. Ya te la contaré en otro momento, pero te adelanto que hoy sí llevaba calzoncillos.

Devuelvo la moto por la noche y estratégicamente puesta en la oscuridad para que los rasguños del incidente del día no se vean demasiado (rasguños de una cierta intensidad y tamaño, lo reconozco)

Día 22

El vuelo despega rumbo a Kuala Lumpur entre turbulencias que me ponen los pelos de punta. La mirada de hielo de la azafata perdida en fondo del avión al más puro estilo de las películas de terror japonés como The Ring no me consuela demasiado.

Por la tarde me encuentro con mi anfitrión de couchsurfing en la ciudad y me sorprende llevándome al skybar del hotel Traders con una sensacional vista de las Torres Petronas iluminadas. Una obra de arte, vamos.

Día 23, 24 y 25

Kuala Lumpur no tiene mucho que ver a parte de las Torres Petronas. De echo tampoco la saben vender, porque sí que tiene algunas cosas muy interesantes. Logro una de las únicas 100 entradas que permiten subir hasta lo más alto de las Torres Petronas, descubro Little India y su sensacional comida y colorido en medio de una fastidiosa lluvia que no estropea el momento y me pierdo en bazar de Ramadan más grandes de la ciudad. Me encanta comer en esos sitios.

Descubro el lado más oscuro de la ciudad. Oscuro por la mugre vamos. En pleno centro comercial y de restaurantes chinos de aspecto saludable, me pierdo por las callejuelas de detrás de muchos de ellos a donde dan sus cocinas. La mie… que allí ví no la había visto en mi vida. Cocinas negras desde el suelo hasta el techo, basura amontonada en las calles y en el suelo, cajas con carne junto a la basura… Ese día mi estómago sólo permite que coma en un Kentuky Fried Chicken, y eso que no son santo de mi deboción…

(continuará)

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