Ya hace un mes que volví a la isla. Ha pasado volando y parece que aun estamos en el mismo punto en el que estaba cuando llegué. Pero no. Algo hemos avanzado. En 31 días la isla se ha ido llenando del gente. Los locales han ido volviendo lentamente y están reabriendo sus negocios. Los turistas se animan a no cancelar sus viajes y vienen para colaborar a la recuperación. El transporte funciona regularmente aunque con restricciones. Las mercancías llegan a la isla a diario sin problemas. Visto así, todo parece normal. Pero también, no.

Los edificios del hotel siguen heridos y hay muchísimo trabajo por hacer. Hemos estado limpiando y al menos ahora se parece algo a lo que era antes. Ha dejado (casi) de parecer el escenario de la Guerra de los mundos. Por suerte, el vecino necesita construir el suelo de su pequeño restaurante y reutilizaremos los cascotes para rellenar la base. Él se ahorrará un dinero bueno en arena y yo me quito un dolor de cabeza grande. En una isla tan pequeña como Gili Air, deshacerse del escombro (de forma legal y honesta) es prácticamente imposible.

Así que llegó el día y le metimos mano a las paredes de la master suite. Los grandes problemas de esta habitación debidos a los efectos del terremoto son estos:

  1. El ventanal de madera vieja y pórtico de la terraza que aguanta el tejado principal se ha desplazado y desencajado en varios puntos.
  2. La pared del oeste se partió por la mitad y amenaza caer sobre el tejado inferior.
  3. La pared del este está partida y desplazada.

Durante los dos años que ha durado el proceso de construcción, nunca me imaginé, que tendría que tirar abajo las paredes con mis manos, incluso antes de poder abrir la habitación al público. Y me ha dolido, me ha dolido mucho. He supervisado cada uno de los ladrillos colocados, he controlado la calidad del mortero y el acabado de cada rincón de esta habitación. Y ahora, toca echarla abajo.

Y te preguntarás (quizá) que porqué no hay profesionales haciéndolo en lugar de mi equipo y yo. Pues primeramente porque no hay obreros disponibles estos días y en segundo lugar, porque hay que derribar sin destrozar el resto de cosas intactas. Aquí cuando se derriba algo, se destruye sin miramientos. ¿O te crees que aquí antes de tirar las paredes de una casa, salvan las tejas y la madera del tejado que están intactas? Llámalo ser precavido (será la experiencia) pero  prefiero hacerlo personalmente a tener que rehacer tejados, ventanales y suelos de cerámica. Los obreros de Lombok son, sin miedo a equivocarme, elefantes en una cristalería.

Para asegurar un poco la estructura cercana al la pared del oeste, primero hemos quitado los cristales templados y hemos logrado recolocar parte del ventanal en su sitio con la ayuda de un gato hidráulico de coche siguiendo las instrucciones del ingeniero alemán. Ha sido sorprendentemente fácil. Otro día continuaremos con el resto de la estructura del ventanal que tiene más miga.

Echar abajo una pared parece cosa fácil pero nos ha costado una barbaridad. Sin duda la construcción estaba bien hecha. El martillo mecánico que me han dejado Rose y Andreas (los amigos que me acogieron en su campamento) nos está ayudando mucho. Una vez cojida la práctica ha sido más sencillo. El estropicio que hemos montado no ha sido poco. Tras el martillo mecánico, hay que acabar de derribar con el mazo manual. Por suerte la columna afectada no se balancea (aunque la hemos asegurado con una eslinga por precaución) y el proceso es seguro. Sucio, pero seguro.

Será el cansancio, la experiencia amarga de tirar abajo la pared o lo que sea, el caso es que por la tarde me ha dado fiebre y algo que he comido me ha sentado rematadamente mal.

He pasado 3 días enfermo sentado en el trono meando, por dos agujeros y durmiendo con una flojera impresionante. A veces pienso que todo esto no vale la pena y dejo pasar un par de días. Llego a agradecer en cirta manera la convalecencia forzada. Luego, sorprendentemente un día me levanto fresco y optimista, con ganas de volver a hacer cosas y de recuperar todo aquello por lo que llevo 3 años trabajando duro. Veo a mi personal ayudando, haciendo tareas que no les corresponden en absoluto y sus sonrisas. Y entonces vuelvo al ataque.

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