Desembarcando en Lombok.

Desembarcando en Lombok.

 

Día 8 – Las divinas, las gallegas y la moto.

He dormido fatal. Las chicas de la habitación de al lado -divinas ellas- se han pasado toda la noche cascando. Nos recogen a las 7:30h de la mañana y ellas protestan porque el chófer llega a las 7:15. Intento no juzgarlas, pero hay actitudes  que no me dejan indiferente. Con lo atento y simpático que es el chófer. Las chicas se pasan el trayecto hasta Padangbai con malas caras. La verdad, no sé por qué hay gente que va por ahí y se lleva su amargura en la mochila.

Las maletas es lo primero que te recogen, aunque el barco salga en unas horas.

Las maletas es lo primero que te recogen, aunque el barco salga en unas horas.

En Padangbai tenemos que coger el fast boat hasta las islas Gili o Lombok. Se nos llevan nuestros equipajes al llegar y  nos hacen esperar allí más de una hora y media. Estamos un poco nerviosos por haber perdido de vista las maletas, pero al final me relajo y veo que lo tienen todo controlado. Es su trabajo y lo hacen 7 días a la semana, así que saben hacerlo muy bien. Me dedico a observar la fauna que por allí corre.

Me quedé con ganas de preguntarle  qué pescaba.

Me quedé con ganas de preguntarle qué pescaba.

Mientras las divinas pasean sus caras largas en un rincón, encuentro a unas chicas españolas (gallegas) con las que nos contamos algunas cosas de nuestros viajes. Una de ellas se escandaliza cuando pago 20.000 Rp por una piña pelada y cortada que compro a una de las mujeres que allí se encuentran vendiendo. Sí quizá sea más de lo que se deba pagar, pero cuando encuentre yo en Barcelona una piña bien rica pelada y troceada por apenas 1,5 euros, hablamos. ¿Por qué en los países donde menos pagamos, nos convertimos en los más tacaños?

En el barco puedes ir arriba, aunque te puedes achicharrar literalmente con el sol, el viento y el agua.

En el barco puedes ir arriba, aunque te puedes achicharrar literalmente con el sol, el viento y el agua.

El fast boat hasta Lombok dura como una hora y cincuenta minutos. Hago bien en quedarme fuera y atrás. Allí se mueve todo menos y hace más fresco. De dentro no hace más que salir gente  con ganas de echar los higadillos. Se nota que están disfrutando del viaje.

Interior del barco. Cómodo, pero se mueve mucho como para no marearse y hace calor.

Interior del barco. Cómodo, pero se mueve mucho como para no marearse y hace calor.

Algunos de los que desfilaron para tomar aire fresco.

Algunos de los que desfilaron para tomar aire fresco.

El Gunung Batur, el volcán que dio origen a la isla de Bali.

El Gunung Batur, el volcán que dio origen a la isla de Bali.

Llego a Lombok, me despido de las gallegas -muy majas ellas- y pierdo de vista a las dichosas divinas. Es festivo -fin de ramadán- y sólo puedo ir hasta Senggigi en moto. Me ha parecido una estupenda forma de tomar contacto con la isla. El conductor no habla nada de inglés y lleva casco. Yo no. No sé como decirle que yo quiero otro casco, pero no le digo nada porque temo que se quite el suyo me lo de a mí. Al poco rato hace una parada  y le pide uno casco a alguien que conoce. Me siento más tranquilo. Ahora cuando frena le doy el coscorrón con el casco y no con la frente como antes.

De camino a Senggigi.

De camino a Senggigi.

Gasolina por litros, en botellas de todo tipo.

Gasolina por litros, en botellas de todo tipo.

Desde la carretera, en lo alto, vemos playas espectaculares rodeadas de praderas con cocoteros que me enamoran nada más verlos. Se nota que hay mucho menos tráfico que en Bali y se respira un aire más tranquilo -o eso me parece a mí.

Senggigi son unas pocas casas y restaurantes a lo largo de la carretera con unas playas más que decentes. Está lleno de hoteles y restaurantes regentados por italianos y australianos. Por lo demás tiene más bien poco o nada que ver. Empiezo a darme cuenta de que tanto Bali, como parece que también Lombok no son sitios para visitar pueblos o ciudades. Incluso sus playas son más bien justitas. Su verdadero interés está en su gente, en la vida que allí se desarrolla.

Ensalada tibia de gambas picantes con leche de coco.

Ensalada tibia de gambas picantes con leche de coco.

Los alojamientos más baratos (100.000Rp) dejan mucho, muchísimo que desear. Salgo corriendo de una casa de huéspedes en la que creo acababa de hacer una recreación de la batalla de Almansa. Vuelvo a la carretera sin esperar a que aparezca el dueño -por suerte- y encuentro un hotel junto a la carretera con piscina y una habitación muy maja por 300.000 Rp. Me la quedo.

Me doy un baño -antes de que se ponga a llover- y lavo algunas cosas para llevarlas limpias en mi ruta en moto que empezaré mañana. Me siento feliz porque mis camisetas de secado rápido sólo necesitan una tarde entera al sol para secarse. No te digo nada del bañador de secado ultra rápido.

Vendedor de cocos. Su leche no es algo que me entusiasme. Es insulsa.

Vendedor de cocos. Su leche no es algo que me entusiasme. Es insulsa.

Por la tarde las familias se acercan a la playa a pasar la tarde.

Por la tarde las familias se acercan a la playa a pasar la tarde.

El rayo de sombra la hace el Gunung Batur, el volcán de Bali.

El rayo de sombra la hace el Gunung Batur, el volcán de Bali.

Mi plan es alquilar una moto para los próximos días y recorrer la isla a mi aire. Es festivo y casi todo está cerrado. De los puestos que encuentro abierto, todos tienen las motos ocupadas. Al final, como suele pasar, el puesto más cercano al hotel es donde encuentro una moto disponible. al chaval le hacen chiribitas los ojos cuando le digo que va a ser para 8 días. Pactamos 50.000Rp por día. Ni caro ni barato, pero no me apetece regatear mucho porque tengo toda la ropa -de secado rápido- empapada en el jardín del hotel y a lo mejor tengo que ir a comprar camisetas de emergencia.

Día 9 – En ruta: El Nasi Goreng, la gitanada y el australiano siniestro.

El propietario del hotel se ha acordado y me ha traído una mochila pequeña para no lleve la mochila grande en la moto. Ha sido una gran ayuda. Cojo lo necesario, dejo el resto en la  recepción del hotel  y recojo la moto. Estoy un poco nervioso, porque no estoy acostumbrado a llevar moto. La última vez que lo hice fue en Tailandia y Langkawi hace un par de años y allí tuve un pequeño percance con la fauna local y el asfalto… Nada grave, pero ya te lo contaré en otra ocasión.

La abuela del desayuno, en su puesto de la carretera en Senggigi.

La abuela del desayuno, en su puesto de la carretera en Senggigi.

Desayuno contundente. Las acelgas esas son muy comunes en Lombok.

Desayuno contundente. Las acelgas esas son muy comunes en Lombok.

Tras un rato en la moto, empiezo a sentirme cómodo. Aquí la gente no es agresiva conduciendo y siempre usan el claxon para avisarte que están cerca, o van a pasarte, o lo que sea. No han sido pocas las veces que he encendido el intermitente en lugar de pitar. Una vez cogido el tranquillo al botón del claxon ya todo es mucho más fácil.

Repostando. La moto cargada con la mochila y demás.

Repostando. La moto cargada con la mochila y demás.

Tengo los mapas con los lugares de posible interés, la guía y además llevo conexión de datos en el móvil con el GPS, así que no hay margen para perderse. Me he perdido como nunca. Muchas de las carreteras no aparecen en los mapas. Hay ratos en los que he circulado a ciegas, pero siempre hay alguien que te ayuda.

Primera parada: el Pura Lingsar. Un templo único en el que se juntan hindús, musulmanes y budistas. Único por este motivo, porque por lo demás, es una birria. Me llevo un chasco importante al descubrir que allí no hay nada que ver más que desperdicios por todas partes y gente dormitando en cualquier rincón. Devuelvo la cinta amarilla que tienes que coger -y pagar- a modo de ofrenda al entrar y sigo mi ruta.

Gente desfilando por el Pura Lingsar.

Gente desfilando por el Pura Lingsar.

Una señora da de comer huevo duro a los peces...

Una señora da de comer huevo duro a los peces… Pues bueno.

Efectivamente, como me había dicho aquel australiano en Ubud, aquí puedes dejar tus cosas en la calle con la seguridad de que nadie va a tocarlas. La moto, con la mochila, las gafas de sol, la guía y demás allí estaba, tal y como la había dejado. Nadie te toca tus cosas y eso me da una sensación de tranquilidad un tanto desconocida.

Sigo ruta hacia el sur. Se me antoja llegar hasta gili Gede, una isla en el suroeste de Lombok antes de ir hacia Kuta, en el sur. El sol pega fuerte y el protector solar -prácticamente cemento porland factor 50- hace su trabajo. No hay nada más trendy que un bonito moreno paleta para cuando llegue a las islas.

Hora de la colada, el baño y las aguas menores si hace falta.

Hora de la colada, el baño y las aguas menores si hace falta.

Mi miedo respecto a la falta de combustible queda despejado al comprobar que efectivamente, en cada puesto de carretera, pueblo o casa del recorrido tienen sus botellas de gasolina preparadas. Y es que la cantidad de motos que hay no es normal. Aquí escasean los coches. Un coche puede costar 120 millones de rupias (entre 6 y 8 mil euros) y eso es algo que las familias no pueden permitirse. Así que la moto es el vehículo familiar por excelencia. Barato de mantener y barato de comprar.

Durante el camino, me empapo de lo que veo. No es especialmente bonito, no es nada turístico pero me gusta. La gente me ayuda en mi camino en cuanto paro a consultar el GPS y siempre encuentro una sonrisa y un Where are you from? seguido de un ¿Barcelona? oh Messi Messi!!! Maradona!! Qué les voy a decir… pues que Yes! yes..!! Aupa Maradona…

Cada pueblo con una mezquita como mínimo. A la izquierda, secando arroz.

Cada pueblo con una mezquita como mínimo. A la izquierda, secando arroz.

El tránsito en el sur es más tranquilo. Sigo camino a Gerung y luego a Lembar, Sekotong y Taun. Hago una parada en algún sitio donde coincido con la llamada a la oración. La mezcla de sonidos y olores junto a la carretera me encanta. Hace un calor de narices y abundan los secadores de arroz junto al tráfico de la carretera. Quiero pensar que luego lo lavan…

No sé qué hora es ni cuánto rato llevo en circulando. Paro a comer cuando siento hambre o algo que veo me llama la atención. En el puesto de comida hay algunas mujeres reunidas y tres o cuatro niños. Nadie habla inglés. Aprendo que el gesto de llevarse los dedos a la boca para indicar que quieres comer no tiene ningún significado para aquella gente. En cambio, tocarse la barriga mientras con la mano haces círculos, sí. Al entenderlo, de inmediato saltan todas en cargajadas y me prepearan una sopa con una de esas pelotas -de algo que no sé que es- y que tienen amontonadas en un expositor en el que es mejor no fijarse demasiado. Aun así, la sopa con pelota, sensacional.

Enseguida, los niños toman la iniciativa y las más jóvenes casaderas bromean entre ellas sobre mí. Lo sé, porque eso se nota. Disfruto de la sopa y de sus risas y luego me voy.  No saco fotos porque el momento no lo pide. No me apetece convertirles en atracción de feria y ponerlas a posar para mí.

Pffff... era inevitable pararme y echarle una foto al letrero en cuestión.

Pffff… era inevitable pararme y echarle una foto al letrero en cuestión. En realidad quiere decir algo así como melodía de canción.

El sol de media tarde pega fuerte. Hago una parada en una playa bastante maja para darme un baño. Rápido paran unos niños que llegan en motocicleta – a pesar de no tener, ni de lejos la edad para conducirla- y se unen al momento. Cruzamos las palabras futbolísticas acostumbradas y al poco se marchan. Allí me encuentran y allí me dejan, con mi bañador de secado ultra rápido que no acaba de secarse nunca.

La playa del remojón.

La playa del remojón.

Paro en el Dolphin’s Lodge -una pequeña casa de huéspedes- para descansar tomar algo fresco. Me preparan un arroz frito -Nasi Goreng- que está de la muerte. Como la cerveza es de las de 66cl invito al dueño a que me ayude con ella. He debido expresarme mal, porque ha cogido mi vaso y ha empezado a despachársela hasta terminarla, sin darme tregua para participar yo de ella. Qué majo el hombre.

El mejor Nasi Goreng (Arroz frito) que he comido en todo el viaje.

El mejor Nasi Goreng (Arroz frito) que he comido en todo el viaje.

Gili Gede es una isla en el suroeste de Lombok. No sabía lo que me iba a encontrar, pero lo descubriría pronto. Me pasan en barca al otro lado, sin saber si iba a tener alojamiento allí para esa noche. Ya puestos, a la aventura, que es gerundio (o no). Al barquero le falta dar palmas con las orejas cuando le ofrezco 20.000Rp para que me lleve a la isla (5 minutos en barca). Ya he vuelto a calcular mal el precio…

Observar con lo poco que se divierten los niños aquí es una delicia.

Observar con lo poco que se divierten los niños aquí es una delicia.

El hotel en cuestión -con el pretencioso nombre de Secret Island Resort– ha resultado ser, y no exagero, el escenario perfecto para rodar una película de terror. Me he imaginado algo así como…

Un grupo de jóvenes universitarios se van a una isla para divertirse en un hotel venido a menos, medio en ruinas y con falta de limpieza exagerada. Allí, un expatriado australiano, aficionado al arte de pimplar entre horas, ha perdido el norte de su vida y  dormita durante el día, pero nadie sabe lo que hace por las noches…

Alejándome ya de la isla, la única foto que me atrevo a "robar" de aquel lugar.

Alejándome ya de la isla, la única foto que me atrevo a “robar” de aquel lugar.

Y todos la espichan, claro. Para más inri tienen el restaurante cerrado. Me disculpo con el australiano, con la excusa de que la orientación no es la adecuada para las fotos que quería tomar y me largo de allí de vuelta al Dolphin’s Lodge, donde al menos, sé que sólo se me beben la cerveza y que el arroz frito está para chuparse los dedos.

El Dolphin's Lodge. Con un jardín poco o nada cuidado.

El Dolphin’s Lodge. Con un jardín poco o nada cuidado.

Aunque en Lombok es menos común, también hay ofrendas para los dioses.

Aunque en Lombok es menos común, también hay ofrendas para los dioses.

Si quieres puedes seguir leyendo el diario del viaje en el siguiente post.

 

Tres, cuatro y hasta cinco personas en una moto, lo más normal.
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3 comentarios

  1. […] quieres puedes seguir leyendo el diario del viaje en el siguiente post. Share Publicado:11/10/2013 Categorías:Indonesia Etiquetas:Diario de viaje Indonesia  1 […]

  2. 13 octubre, 2013 a 20:07 — Responder

    ¡Qué buena pinta tiene todo lo que probaste! Se ve que desayunan fuerte por allí, no?

    Saludos

  3. […] Si quieres puedes seguir leyendo el diario del viaje en el siguiente post. […]

Responder a Indonesia – Diario de viaje 2 (Bali) | Viajar, comer y amar – Blog de viajes, gastronomía y más para disfrutar de tus viajes Cancelar respuesta

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