No hace muchos días que salí del monasterio. Ya te conté cómo están siendo estos días posteriores. Ahora te cuento cómo ha sido la experiencia de descubrir la meditación vipasana. Mi primer contacto (en serio) con la cultura budista.

Había consultado algunos otros templos de los alrededores de Chiang Mai, pero o no había disponibilidad de plazas o simplemente el lugar no me inspiraba como para estarme 10 días allí encerado. 10 días era mi objetivo inicial, que luego cambié por 3. El miedo que todo lo condiciona me había convencido de que para probar, 3 días eran más que suficientes. Pero las cosas suceden como suceden y al final el templo que más me gustó tenía establecido un mínimo de 10 días. Si quieres caldo, toma, dos tazas.

El templo Wat Rampoeng

Alquilé una moto dispuesto a recorrer un par de templos en los que sabía hacían estos cursos. Eran las 11 de la mañana y empecé por el primero de la lista. El templo budista Wat Rampoeng, a las afueras de Chiang Mai. Me pierdo por sus instalaciones buscando la oficina para los extranjeros y la verdad es que el sitio cuadra con lo que quería. Bonitos templos, espacios abiertos, vegetación y buenos alojamientos. O eso creo.

No llego a visitar ningún otro templo, porque coincide que hay un grupo numeroso a punto de empezar ya vestidos con ropas de color blanco (el color de la purificación en el budismo) y el monje que lleva la oficina para extranjeros (Prha Chambodin) está dispuesto a hacerme la vida más fácil. Así que me suelta un Make it easy, if you are ready, start now! (¡hazlo fácil, si estás preparado empieza ahora!). Yo acababa de pagar la noche en el hostel y tenía todo mi equipaje allí, la moto recién alquilada… La cabeza se me pone a mil intentando averiguar qué está pasando. Miro toda aquella gente de mi alrededor vestida de blanco… Me tiro a la piscina y decido quedarme.

Con una pequeña donación (500 THB) me prestan tres mudas de ropa blanca, la almohada (muy cómoda), sábana, manta y toalla. Las habitaciones son privadas con baño y ventilador. Mi sospecha sobre el grosor del colchón se hace realidad. 3 centímetros escasos sobre una tabla de madera. Tenemos suerte, somos extranjeros, tenemos cama y no compartimos la habitación. Las tailandesas son 3 por habitación y comparten los baños. Los hombres no.

Ya vestido de blanco me uno al grupo que espera al monje hiperactivo para empezar la formación. No he comido. Apenas un poco de desayuno. La comida en el templo se sirve a las 10:30h de la mañana, así que ya no hay comida hasta el día siguiente. Tengo hambre pero sólo se puede beber, nada de comida sólida después del almuerzo. Me siento como pulpo en un garaje. Intento ubicarme todo lo rápido que puedo, pero hace apenas 30 minutos estaba montado en una moto buscando un templo para empezar el curso en los próximos días. Ahora estaba en el curso. Podía parecer una locura, pero había sucedido así y decidí aprovechar la oportunidad.

Walking… sitting…

Previo a empezar a enseñarnos las técnicas de meditación, el monje nos explica detalladamente el funcionamiento del templo. Los horarios y nuestro plan diario. Lo que podemos y lo que no podemos hacer. Nada de hablar con nadie. Nada de contacto visual con nadie. Nada de tocar a nadie. Nada leer, ni móviles, ni ipads. Tampoco te dejan escribir o llevar un diario. Nada que te pueda distraer del momento actual, de la conciencia de lo que hacemos en cada momento. Nada de pensar en el futuro, nada de revisar el pasado. Como yo lo tengo todo en el hostel por ahora nada. Mañana, cuando vaya a buscarlo, tengo que decidir si me atrevo a estar sin nada de ello durante 10 días.

Vestidos ya de blanco (inmaculado por ahora), colchoneta y cronómetro en mano nos llevan a la biblioteca. Allí nos enseñan los ejercicios de introducción que hay que hacer antes de cada sesión. Luego la técnica del caminar y luego la de estar sentado. El vipasana se basa en dos únicos ejercicios. Andar y estar sentado. Walking and sitting, walking and sitting… (andar y estar sentado, andar y estar sentado) Así durante horas. Parece sencillo, pero descubriré que no lo es. Empezamos con 15 minutos de tiempo para cada ejercicio. Me parece una eternidad. También descubriré que cada día te van incrementando el tiempo de cada ejercicio y que el tiempo puede llegar a desaparecer.

Llegaré a los 60 minutos por ejercicio y 12 horas de meditación diarias. Algo que si me lo cuentan en ese mi primer día en el templo no me lo creo.

Tras la formación nos dejan practicando en la biblioteca. Son apenas las cinco y media de la tarde y hay que estar practicando hasta las 10 de la noche. Pero es el primer día y tienes un montón de energía. Todo es nuevo, y no cuesta mucho estar 5 horas dando pasitos a cámara lenta y sentado con los ojos cerrados manteniendo la atención en el movimiento de tu ombligo al respirar. Parece sencillo.

A las 22:10h (qué no se diga) voy a la habitación dispuesto a descubrir cómo se duerme en un colchón de 3 cm de grosor y luego se levanta uno a las 4 de la mañana para meditar. Eso va a ser duro. Pienso por primera vez ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué necesidad tengo? Pero prefiero no responderme y me quedo dormido al instante. Ha sido un día intenso y estoy agotado.

La campana y el desayuno

A las cuatro en punto de la mañana suena la campana del monasterio. Un tañir profundo -ni muy agudo ni muy grave- que te despierta sí o sí. Está oscuro aun y el sonido se me antoja tristón, a ritmo lento sin prisa. Me quito la ropa blanca de dormir y me pongo la de meditar. También blanca. Directo a la biblioteca. Soy el primero en llegar y me temo haber equivocado. Pero no. Pronto aparecen algunos del resto del grupo. Los hay que se han dormido y  no aparecen hasta la hora del desayuno.

Tengo que ir a Chiang Mai a buscar mis cosas, pero prefiero hacerlo después del desayuno (desobedeciendo las instrucciones del monje) porque pienso que cuantas más cosas aprenda cómo funcionan en el monasterio, más cómodo me voy a empezar a sentir.

A las 6:30h suena otra campana, la del desayuno. Es inevitable pensar en una carcel. En esa imagen de las películas de los presos vestidos de un mismo color, sin hablar ni interaccionar entre ellos. Formado filas para entrar en el comedor, para coger el desayuno y sentarte en una de las mesas sin mediar palabra. La unificación de las personalidades, la despersonalización del individuo. Pero en este caso es para evitar las distracciones y mantener al máximo la atención en la meditación. Al principio se me hace todo muy extraño.

El desayuno dura una eternidad, o eso me parece. Primero se sirve la comida, luego la monja da su discurso, luego el monje da el suyo, luego la bendición de los monjes, la oración conjunta, la contemplación de la comida… Todo un ritual que apenas entiendo y que espero llegar a entender. He salido sin entenderlo.

Y a comer. A comer contemplando. Lentamente, cucharada a cucharada me como la sopa de fideos verdes de aspecto incierto, pero ricos al fin y al cabo. Sólo hay dos comidas al día, así que hay que acumular energías. Decido elegir la dieta vegetariana, ya que voy a comer lento que también sea sano. Quizá adquiera un nuevo hábito a partir de ahora…

Cada uno lava sus platos. Todo un ritual. Separación de la basura (me pregunto si luego no lo juntan todo en el vertedero como hacemos en España), enjuagado del plato, enjabonado, aclarado en un barreño, en otro, en otro… Así hasta cuatro barreños. Si algo tienen los tailandeses es que son muy limpios con las cosas de la comida y el aseo personal. Las instalaciones están hechas una mierda a simple vista, pero jabón para lavar los platos y agua para aclararlos que no falte.

Tengo una hora para ir a Chiang Mai, devolver la moto alquilada y volver con todo mi equipaje. Tardo mucho más de lo previsto, así que llego de nuevo al monasterio justo para la hora de la comida. Me ha parecido una eternidad, pero son sólo las 10:30h de la mañana cuando toca la campana y estoy entrando en mi habitación. Me enfundo el traje blanco y al comedor. Ya conozco la dinámica del desayuno así que me siento más relajado.

A partir de ese instante, empieza todo en serio…

 

Sigue leyendo los aspectos más íntimos sobre mi experiencia durante el curso. Descubre cómo llego a hacer desaparecer el tiempo, me enfrento a mis limitaciones y logro una experiencia enriquecedora con la meditación vipasana.

 

 

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3 comentarios

  1. 6 agosto, 2015 a 8:45 — Responder

    Hola! Me ha gustado mucho tu experiencia de meditación :) Muy interesante, quizás algún día yo también me anime ;)

    Un detallito, “jente” está mal escrito, es “gente”.

    Un saludo! :)
    HelenaMis Viajes Low Cost

  2. 18 noviembre, 2017 a 12:13 — Responder

    Hola Jose , menudo articuo , dan ganas de meterse en lleno en tailandia :)

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