El teleférico del puerto de Barcelona siempre ha estado ahí. Bueno, al menos desde que yo recuerdo. Y siempre que lo veo, siento una extraña atracción hacia este viejo artilugio en el que aun no he montado. Tendré que hacerlo antes de marcharme de viaje en septiembre. Sólo dos cabinas -nada de telecabinas desenbragables ni cosas de esas- dos torres y unos cables que siempre se me antojan demasiado finos. Es un chisme que siempre llama mi atención. Su claro diseño industrial de los años 20 y sus cabinas le dan un toque vintage -tan de moda en Barcelona en los últimos años- muy interesante. Algo realmente curioso de observar.

Como todo gran evento, la Exposición Universal de Barcelona también tuvo su artefacto innovador. Si en la Expo de Sevilla de 1992 fue el monorail o la torre giratoria -qué recuerdos me traen estas palabras- en la de Barcelona de 1929 fue el teleférico del puerto. L’aeri -el aéreo- como se le denomina, fue ideado por Carles Boigas y otros dos colaboradores. Tenía como objetivo unir la exposición desde Montjuïc -la montaña junto al mar de Barcelona donde se instaló la otra parte de la exposición- con el puerto, donde estaban la otra parte de los pabellones de exposiciones.

Hoy en día, si se proyecta una cosa de estas para un evento de este tipo, el gobierno de turno se lía la manta a la cabeza  sin saber cómo pagarlo. Luego ya encontrará el dinero (o no, porque tampoco pasa nada si no se puede pagar). En aquel entonces, el capital – de manos privadas, como tiene que ser- no llegó hasta 1928, demasiado tarde para poder acabarlo a tiempo. Ante el fracaso, Boigas se deshizo de su participación en el proyecto y fue su colaborador, Josep M. Roda quien lo terminó en 1931.

Pero la guerra lo paraliza  todo. Durante la Guerra Civil, el teleférico se transformó -ya sin cables ni cabinas- en torres de defensa militares. Suerte hemos tenido que no se las cargaran para fundirlas y construir armamento.

Detalle de la estación intermedia en la torre Jaume I, con el mirador y el restaurante debajo.

Detalle de la estación intermedia en la torre Jaume I, con el mirador y el restaurante debajo.

Desde 1963 a 1995, el teleférico volvió a funcionar sin interrupción. Fue entonces cuando las torres se tuvieron que reparar. Se recuperó el aspecto y diseño original de 1931, algo que dada la época de desgarros culturales que se habían hecho en la década de los ochenta en muchas de las restauraciones del país, tiene su mérito.

La torre intermedia -la torre Jaume I- tiene una altura de 107 metros nada menos. Y dicen -porque como te he dicho no he subido-  las vistas de Barcelona desde allí son espectaculares. Actualmente, en ambas torres hay miradores y un restaurante  que por cierto, dicen que por la noche no está nada mal para una cena romántica.

Como todas las cosas, pues tienen su precio. A mí, se me antoja un poco alto. Puedes elegir entre trayecto sólo de ida o trayecto ida y vuelta. El billete de adulto completo son unos 16,50€. Prohibitivo si vas en familia… Pero dirás, los niños pagan menos… ¡Qué te crees tú eso! ¡Los niños pagan lo que todo hijo de vecino! No vaya a ser que por ser más pequeñitos y pesar menos miren menos por las ventanillas o respiren menos. Qué cosas tienes. Total, si solo hay dos cabinas y se llenan rápido…

Toda lai info del teleférico sobre horarios y precios en su web.

 

 

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1 comentario

  1. 10 agosto, 2014 a 17:30 — Responder

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