Hace ya casi 3 años que no publicaba nada en el blog. He estado ocupado. Muy ocupado. Tanto que ahora me parece que escribo por primera vez.

Tras dos años de viaje, decidí plantar el huevo en Indonesia. Y ya puestos, me decidí a construir un pequeño hotel en la tranquila isla de Gili Air, en Lombok. Hice lo que muchos, sin duda, habréis pensado alguna vez: Vivir en una isla llena de cocoteros rodeada de aguas color turquesa.

Estos dos últimos años han sido durísimos. Tanto que creí en muchas ocasiones que no lo iba a conseguir. No te puedes imaginar lo que supone construir en Indonesia. Es un drama.  6 contratistas diferentes. Una pesadilla en toda regla. Algún día escribiré un libro sobre el tema. Pero también he ido obteniendo mi recompensa al  ir viendo cumplidos los proyectos y vivir en un sitio tan maravilloso como Gili Air. Fase tras fase, “pelan pelan” (“poco a poco” como dicen aquí) pero sin pausa. Aunque si hacía balance de resultados, me salía negativo hasta hace bien poco.

Por fin, hace apenas un par de meses, el hotel estaba ya casi acabado, teníamos decenas de huéspedes felices e íbamos a abrir la tercera y última habitación. Tras un mes de junio lleno de alegrías y un más que satisfactorio mes de julio, yo empezaba a ver luz al final del túnel. Teníamos el mes de agosto y septiembre lleno de gente con ganas de pasar sus vacaciones en un hotel de ensueño, en una isla de preciosa. Lo había logrado. Vivía en un paraíso y había levantado levantado desde la nada, el hotel de mis sueños.

Puedes verlo todo aquí.

Pero todo lo acontecido hasta el pasado 5 de agosto 2018 a las 7:48 de la tarde cuando acababa de terminar de cenar mi plato de arroz con curry de pollo, te lo contaré en otra ocasión. Lo sucedido anteriormente a ese minuto feliz, ese minuto perfecto, da para muchas páginas y ahora no me puedo permitir el lujo de pensar en el pasado. No puedo dedicar la poca energía que me ha quedado en pensar en lo que había conseguido. Porque si lo hago, me desespero.

El hombre (que nos creemos somos “lo más” del Universo) proponemos. Luego la Naturaleza, Dios, o quien creas que  tiene las competencias pertinentes, disponen. El pasado día 5 de agosto 2018 las 7:49 de la tarde la tierra tembló, se agitó con rabia e hizo temblar y agitarse todo con violencia. Un fuerte terremoto de 7.0 grados sacudió la isla de Lombok. Por su proximidad (87km del epicentro), también la isla de Gili Air sufrió las consecuencias. Miles de casas derrumbadas, más de 400 muertos y 5000 heridos es el balance rápido y frívolo que te puedo contar. Pero en el fondo, centenares de miles de historias de dolor, miedo y pérdida. Una catástrofe en toda regla para las sencillas gentes de Lombok y Gili Air que aun hoy, me cuesta de creer.

En lo que a mi respecta he sido muy afortunado. Los huéspedes que ocupaban las habitaciones del hotel estaban todos fuera cenando en el momento del terremoto y no sufrieron ningún daño. El personal del hotel también está bien, aunque traumatizado y aun se niega a volver a la isla. El resto son sólo muchos destrozos materiales en el hotel. Una ruina en toda regla, pero material al fin y al cabo. Casi todo por lo que había trabajado, durante los dos últimos años se rompió y dejó un vacío enorme. Todo lo que tenía tras trabajar 18 años, parecía quererse ir por el desagüe.

 

Volver a empezar

Hoy 20 de agosto, he vuelto a la isla tras dejarme cuidar por unos amigos en Bali. El dolor de ver lo que había pasado me impidió quedarme en la isla. 10 días he tardado en reaccionar y poder pensar con más o menos claridad. He llorado de cansancio, de impotencia, de rabia… He dejado que los abrazos me rompieran poco a poco la coraza de falsa fortaleza con la que me cubrí aquella noche. Por fin empecé a permitirme admitir que la desgracia había pasado. Y que no puedo hacer nada para cambiarla. Que el único camino que me queda es avanzar y mirar hacia adelante. Buscar soluciones. Así pues, hoy que vuelvo a la isla, hoy que vuelvo a empezar, comienzo a contar días desde el principio. Lo de antes, ya no  es importante. Por eso hoy, quiero pensar que es el primer dia.

Y este primer dia, la tierra me ha recibido con 2 nuevos terremotos de 6,4 grados mientras yo estaba en el barco desde Bali dirección Lombok. Hecho que ha provocado que la isla esté de nuevo casi vacía. Muchos de los que  se habían animado a volver tras unos días de tranquilidad sísmica, se han vuelto a sus casas en Lombok o Bali con el miedo en el cuerpo.

El embarcadero está vacío. El pórtico que daba la bienvenida a los visitantes ya no está. Han tenido que derribarlo. Ya no está y tengo que acostumbrarme. No hay más. Es sólo una de las muchas otras cosas que han cambiado en la isla de Gili Air. Ya nada es lo mismo.

Siento la isla extrañamente quieta, como en pausa esperando el siguiente. Hay mucho silencio y nadie hace nada, parece que sólo esperan el siguiente temblor. El barullo habitual de los turistas, los carros de caballos y el ir y venir de gente no está. Parece que todos se han ido. Hay casas y vallas caídas por todas partes… He encontrado mi bicicleta cerca de donde la dejé al irme de la isla el día después del terremoto. Está lo suficientemente cochambrosa como para que no haya parecido de utilidad a nadie. Un toque de esperanza tras diez dias de ausencia. Las ruedas están pinchadas por los cristales sobre los que rodé el día después de la noche de autos. Pero me sirve para dirigirme a mi casa. Casa, que por cierto no sé si sigue en pie. Desde que dejé la isla han sucedido más de 500 movimientos sísmicos, y algunos han sido de consideración. Pero no, está todo bien. Una grieta nueva en la pared del fondo. Las que ya había antiguas son ahora unos milímetros más grandes y aportan una cierta ventilación extra. La fachada parece ahora un “trencadís” gauidiniano aunque nada peligroso, aparentemente.

 

De lo que no me veo capaz de momento es de ir al hotel a revisar daños. Tras diez dias y leer las redes sociales sobre múltiples robos en la isla de los últimos días, los muchos terremotos de los días pasados, uno se espera lo peor. Con el caos del terremoto perdimos las llaves y no pudimos dejar nada cerrado. El miedo a perder el equipamiento del hotel  además de los edificios, me paraliza y no soy capaz de ir a enfrentarme a eso también. Ni he querido pasar por delante. Mañana será otro día.

Agotado por las emociones, extrañamente solo, decido quedarme a dormir en mi casa pese a los movimientos de la mañana. Todo parece tranquilo. La anciana dueña de la pequeña homestay donde vivo está en su casa y contenta, de al menos, tenerme allí. Pero la tranquilidad dura poco. y estando tumbado en la cama intentando conciliar el sueño, todo tiembla de nuevo. El familiar sonido de las casas moviéndose, vibrando y resonando me traslada a aquella noche del 5 de agosto. Salgo fuera de la casa con el corazón a cien y el temblor para. Parece una pequeña réplica. Falsa alarma. Pero no. Al los pocos minutos, hay otro y luego otro más. Y finalmente, aunque me obzeco a volver a entrar  y seguir viendo mi película, llega otro de magnitud 7 que me hace volver a saltar de la cama. Se va la luz y salgo corriendo hacia el jardín con el ordenador entre los brazos. No he conseguido agarrar la bolsa con los enseres básicos. No veo nada y choco contra las plantas. Las bugambillas se me enganchan en la camiseta y sólo siento el suelo moviéndose unos 40 centímetros bajo mis pies descalzos. Todo resuena a mi alrededor. La oscuridad es absoluta. Mi única preocupación es deducir si estoy apartado de la casa y el cocotero que está frente a ella. Creo adivinarlo a lo lejos sobre el cielo estrellado. Me tranquilizo y tras unos instantes, el temblor para. Este ya ha sido demasiado.

Recojo lo básico que había metido ya en la bolsa por precaución, y me despido de la dueña de la casa que también se va a dormir con unos vecinos a un descampado. Yo me traslado al campamento de unos amigos que lo han perdido también prácticamente todo. Ellos no han quedido dejar la isla en ningún momento. Supongo que si tienes a tu pareja cerca, la situación se vive de otra forma. Me reciben con alegría a pesar de que ya están en la cama y me preparan un colchón para que pueda dormir cómodo. Siempre hay gente que a pesar de su situación, sigue abierta a ayudar a los demás. Y por ahora, aquí vengo  a dormir, bajo las estrellas mientras las réplicas se suceden durante toda la noche.

PS: Si tienes un minuto y quieres colaborar te animo a ayudarnos a salir de esta con tu ayuda, grande o pequeña, compartiendo en tus redes sociales y contactos, ayudando a recuperar la ilusión por un sueño y a mantener los salarios de los trabajadores.

Muchas gracias de todo corazón.

https://www.gofundme.com/never-give-up-gilistrong

José David

 

 

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4 comentarios

  1. 25 agosto, 2018 a 7:37 — Responder

    Hola! Leerte en pequeñas píldoras impresiona, leerlo en un contexto completo, sobrecoge. Para alguien que ha visto de primera mano las obras y sabe todo el esfuerzo que has invertido, es aún más impresionante saber como está siendo todo… ya sabes que tendrás que armarte de valor e ir a ver como está todo, será la única forma de volver a empezar.
    De momento, te he dejado algunos granitos de arena para colaborar. Espero que sean de ayuda.
    Un fuerte abrazo,
    Alejo

    • 25 agosto, 2018 a 11:24 — Responder

      Muchísimas gracias Alejo. Ya sabes que a veces escribimos para sacar las cosas fuera y liberarnos. Poco a poco lo voy asumiendo y va siendo más facil ir y revisar cosas. La visita del ingeniero alemán está al caer y podremos tomar decisiones grandes. Por ahora, poco puedo hacer yo aquí sólo.
      Gracias por tu aportación y ayuda para compartir la campaña. Un abrazo grande.

  2. Gerard Cots
    30 agosto, 2018 a 19:01 — Responder

    Pelos de punta al leerlo. Estuvimos la noche del 5 de agosto en el hotel kaluku, y fue la peor experiencia de nuestras vidas. Mucho animo y espero poder visitar tu hotel en el futuro.

    • 7 septiembre, 2018 a 5:16 — Responder

      Muchas gracias Gerard, fue terrible para todos. Nunca se espera uno que pase algo así. Aquí te esperamos en cuanto podamos arreglarlo y abrirlo de nuevo al público. Un abrazo.

Responder a José David Jurado (@aitor_vca) Cancelar respuesta

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