Día 8

El día está lluvioso en Pekín y ha empezado con un No en la recepción del hostel cuando les he pedido si tenían algún teléfono  o podían llamar un taxi para llevarme a la estación de ferrocarril. Como es habitual, ni el más mínimo esfuerzo en darte más información. Así que lloviendo, cargado como una mula y con mi billete a Erlian (la frontera de China con Mongolia) me he plantado en la calle. Tres taxis han ignorado mis espavientos pero el cuarto ha parado y me ha llevado sin problemas a la estación. Mojado de buena mañana, el día me parece bochornoso y la niebla lo cubre todo.

Entrar en la estación no es complicado. Encontrar de donde sale el tren ya es otra cosa. Tras esperar bajo un rótulo que anunciaba mi tren, el K3 (o eso creía), me he decidido a preguntar y he visto que estaba en el lugar equivocado. Esas cosas que tienen los símbolos chinos, que no entiendes un rábano.

En la sala de espera,  había muchos extranjeros (no asiáticos) y me he sentido más tranquilo. Estaba en el lugar correcto. Así que me he acercado a un grupo de ellos que resultaron ser de Barcelona, Vitoria, Valencia… y por esas cosas que pasan sin más, resulta que les sobraba un billete hasta Ulaan Bator la capital de Mongolia (mi destino) y me lo han regalado. Guillem, el guía del Casal Català en Pekín ha sido un sol. Se me saltaban las lágrimas de la alegría. No iba a tener que quedarme tirado en Erlian toda la noche hasta el día siguiente.

Por algo había comprado el billete erróneamente un día antes de lo planificado… Siempre sucede lo mejor. Lo único era que iba a cruzar la frontera con un billete donde aparecía un pasaporte que no era el mío… ¿Se darían cuenta?

La verdad es que el viaje con este grupo ha sido de lo más divertido. En el compartimento, con Josep el valenciano, todo tranquilo (más o menos) hasta que en una población que no sabría decirte, se suben 4 mujeres mongolas con montones de maletones y bolsas enormes que obviamente, no cabían en ningún sitio.

Ambos, como buenos compañeros de departamento decidimos ayudarla (bueno, de hecho nos lo pide ella) y empezamos a liarla. ¡Las maletas pesan una tonelada! Un codazo en la boca a Josep mientras la maleta se me cae encima y no logro aguantarla, un empujón, la señora (a quien decidimos apodar la Nakachán, por su parecido con aquella cantante tan conocida en los temas de sucesos hace algunos años) que estorba más aque ayuda… Conseguimos apañar la bolsa, cuando aparece por el pasillo con una maleta aun si cabe más grande. El cachondeo ya es general y le decimos claramente que allí no cabe, que no que no. Ella se empeña y la subimos en su litera (la de arriba) así que fulmina nuestra idea de dormir en las camas de abajo y luego  le pregunto que si lleva a su marido dentro de la maleta y ella se ríe toda sofocada. ¿lo llevaba de verdad?

2 maletones y 3 bolsas enormes después, Josep con el labio ensangrentado de mi codazo y todos necesitados de una ducha, comentamos con el resto del grupo que deben de ser una mafia de contrabandistas. Para ser discretos,  como la palabra mafia la entienden en todo el mundo, íbamos a referirnos a ella como la señora del Chang Chu Yo. Ya veríamos qué pasaba en la frontera con todo aquel equipaje a todas vistas, sospechoso.

Lo peor fue el control policial, cuando la Nakachán desaparece del compartimento junto con sus amigas y nos dejan a nosotros con toda aquella mercancí­a, que seguro, no estaba toda dentro de lo legal. Por suerte la oficial china, nos ha visto cara de panoli y le enseñamos nuestro equipaje sin necesidad de más. Cuando llega nuestra compañera, el ambiente se podía cortar con cuchillo y tenedor. La oficial no estaba conforme con la cantidad de equipaje y le hizo sacar cosas de una de las maletas. Si en un momento no sacó 10 piezas de ropa de niño literalmente prensadas, no sacó ninguna. El enfado era patente y finalmente, la oficial,  hizo la vista gorda. Mientras tanto, nosotros estábamos en el asiento de enfrente, encogidos, sin movernos y sin atrevernos a respirar demasiado profundo. Por el momento se nos llevaron los pasaportes.

En Erlian (la frontera), no nos dejan bajar del vagón (no sabemos por qué), cuando el resto del tren lo ha hecho. Otra vez, sucede lo mejor, porque así podemos vivir, y sufrir, el cambio de ruedas del tren para adaptarlas al ancho mongol. 4 bonitas horas de golpes, traqueteos y caídas al suelo mientras desenganchan a  base de hacerlos chocar entre ellos.   La verdad es que la ceremonia del cambio de ruedas vale la pena verla. El resto del grupo ha tenido que esperar 4 horas en la estación sin nada que hacer. Es lo que tiene viajar en primera, que te pierdes lo mejor. Nosotros nos lo hemos pasado pipa a pesar de no tener lavabo, porque todos estaban cerrados (desaguan directo a la vía). Imagínate el tráfico de botellas de agua y artimañas que algunos tuvieron que hacer para aliviar sus necesidades.

Estructurado el tren y entregados los pasaportes (momento en el que respiramos aliviados), nos dan 5 minutos para ir a comprar a la estación y allí me encuentro a las Nakachán, cargando con bolsas y bolsas de comida y dulces que no sé dónde iban a metar. ¿Es que creían que aun quedaba algún hueco por llenar en el departamento? Vuelvo corriendo al tren y me tuerzo el pie, es lo que tiene correr con las chanclas desabrochadas. Es lo que se puede llamar como entrar en Mongolia con mal pié.

Si la situación con las maletas y las bolsas de comida era poco cómica, la señora empieza a ponerse nerviosa (muy nerviosa) porque por las ventanas entran como unos escarabajos negros pequeños. Nos ordena a Josep y a mí (que a esas alturas ya estaba claro habíamos caído en lo más bajo de la escala social del compartimento)  que cerráramos todo y cada vez que divisaba uno de esos bichos, nos lanzáramos a matarlo. Según ella y eso no se lo conté al resto hasta la mañana siguiente, los bichitos se meten por la nariz o las orejas y son peligrosos. El caso es que no vi el resto del pasaje mongol pendiente de los benditos bichos, y pregunté al departamento de al lado  por si eran peligrosos, y va y me dice que sí. ¡Mecachis! Hoy toca dormir con los tapones en los oídos…Tengo un par de tapones sobrante y dudo si usarlos para la nariz.

Inciso: ¿por qué las inglesas que tengo en frente hablan entre ellas como si lo hicieran con el perrito de Scottex? Fin del inciso.

Son las mil y el día ha sido muy largo. Estamos agotados, y hasta pasadas las 1:30 de la mañana no reanudamos la marcha por Mongolia a golpe de zapatillazo contra los bichos y las exaltaciones y espavientos de la señora del Chang Chu Yo, Josep y yo no sabemos ya si reir o llorar. Nos tiene a sus órdenes. Somos sus sirvientes. Después de revisar cada rendija y manta del compartimento, caemos rendidos, me pongo los tapones en los oídos y mañana será otro día.

 

Día 9

He dormido con frío. El ventilador sobraba, aunque tener el compartimento cerrado herméticamente (por eso de los bichos) hace que haya un intenso olor a cuadra caduca difícil de soportar.

Mongolia se presenta grande y plana. La estepa impresiona por su magnitud y colores al amanecer. Soy el único pringado que ha cumplido con lo de levantarse pronto para ver los colores de la estepa. El resto del grupo  duermen como ceporros. Bueno, en realidad no tenía más sueño y el intenso a humanidad concentrada era tan insoportable en el compartimento que preferí pasearme por el tren. Todos están despiertos y desayunando noodles (fideos secos que se les echa agua caliente y condimentos).

Yo descubro el nuevo vagón restaurante cuando aun no está abierto al público y me encanta. Me regalo un desayuno de los campeones que puedo pagar en yuanes chinos aunque su valor en tugrik (la moneda mongola) era 4 veces inferior.  Luego descubrimos que es una técnica que aplican siempre. Si no protestas te cobran lo que les da la gana. Y como pagues en euros…vamos… El caso es que mi desayuno fue estupendo y lo disfruté, que es lo que cuenta.

Mientras la señora (ama ya de nuestras vidas, a estas alturas del viaje) se maquilla y peina durante más de una hora, mientras vamos llegando a Ulaan Bator y Josep y yo planeamos la estrategia para no tener que ayudarla a bajar todo aquel cargamento de maletas. Unos reporteros de la televisión gallega del programa de viajes La última frontera, me hacen una entrevista. Hay que aprovechar las oportunidades para promocionar el blog, oiga…

Realmente he disfrutado de esas horas de viaje con el grupo. A veces echo de menos viajar con más gente. Y este grupo era majo, majo. Quizá nos volvamos a encontrar en Listvyanka, a orillas del Lago Baikal.

Allí me despedí del grupo. Tras cruzar 3 palabras con su nueva guía, me ha caído gorda y mira que es bien poca cosa la señora. Mira que decir (en broma según ella) que los turistas como yo no dejamos dinero en el país… Se me antoja zarrapastrosa la modernilla esta de las gafas de Yoko Ono… ¡Vamos!

Ulaan Bator me da la primera en la frente. El taxista  dice saber donde está el hostel que le indico, pero me lleva donde quiere y me deja en medio de nada. Bueno, al menos pateando un poco encuentro una casa de huéspedes que sospechosamente está vacía, señal inequívoca de que tengo que salir por patas de allí. Pero lo hago después de ducharme, claro. Los precios me lo permiten.

Instalado ya en otra cercana de aspecto cochambroso (todas lo tienen) pero llena de huéspedes de todos los países (señal inequívoca de que debía quedarme) empiezo a organizarme para contratar el tour por Mongolia.

Viajar solo es lo que tiene, y es que no siempre encuentras lo que quieres. No he podido añadirme a ningún grupo de los disponibles, porque todos iban al desierto del Gobi o salían muy tarde, y como yo ya he estado este año entre camellos y dunas de arena (en Marruecos), no me ha apetecido pasarme el día entre turistas y cagadas de camello. Finalmente, y creo que ha sido una buena elección, he elegido la opción de ir solo. El Ger to Ger. Una modalidad para ir por libre, siendo acogido por familias nómadas y así conocer (aunque sea por aproximación) cómo viven y qué hacen en su día a día. Eso sí, del camello y sus caquitas, no me he librado.

No todo ha sido sencillo hasta partir. El día antes, estuvo muy lluvioso y acabé empapado. Ulaan Bator, no es ni por aproximación una ciudad bien asfaltada ni con desagües ni urbanísticamente correcta. Es sucia, polvorienta y está como a medio hacer y no hay nada reparado. Los barrizales, charcos y aceras en proceso de deconstrucción (o ruina) daban un aspecto a mi búsqueda del billete de autobús, de auténtica aventura. Fueron 3 horas que acabaron con mis fuerzas y con el moco en la nariz, claro. He terminado la tarde preparando la bolsa para salir por la mañana pronto. Tengo ganas de alejarme de esta ciudad.

Estoy un tanto inquieto por lo que me voy a encontrar. He renunciado a ver los parajes naturales de Mongolia por convivir 5 días con familias nómadas. Algo me dice que va a ser una gran experiencia…

 

 

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10 comentarios

  1. 16 agosto, 2012 a 14:27 — Responder

    Estaba claro que la suerte tenía algo que ver con esa compra de billete un día antes :-)
    Lo de la frontera me ha recordado nuestro paso por la frontera entre Siria y Jordania en un taxi compartido, que el taxista había ido llenando previamente de paquetes de tabaco y de botellas de whisky :-O cuando nos hicieron bajar, abrir las mochilas y miraron los bajos… ufff miedo en el cuerpo.
    Vivir con la familia nómada tiene que ser una experiencia… deseando que lo cuentes :-)

    • 3 septiembre, 2012 a 8:40 — Responder

      @SaltaConmigo… nunca sabes porqué o porqué no salen las cosas como planeamos. Lo que sí es cierto es que siempre sale para bien. El tema de los contrabandistas no estaba previsto no… menudo susto.

      @Josep Nen, ja veus en quines ens les hem tingut que veure… tot i que vam riura una bona estona. Vaig agraït molt la vostra companyia i vam estar ens vam creuar a Listvyanka. Us vaig anar a veure a l’estació el dia que marxaveu, per`no us vaig trobar. Si algun dia quedeu el grup aviseu-me que m’hi apunto! una abraçada!

      @arol Jaja no cambies, añádelo a tu lista de destinos!

      @alberto Gracias por leerme, ya tienes todas las entregas publicadas.

      Gracias a todos por vuestros comentarios. Me han acompañado durante el viaje.

  2. Josep
    17 agosto, 2012 a 14:17 — Responder

    Molt bona la descripció del viatge amb el transmongolià. L’hem llegida aquí a Litvyanska i hem rigut ben a gust recordant aquelles anècdotes. Salutacions de tot el grup i que et vagi molt bé la resta del viatge.

  3. 17 agosto, 2012 a 19:39 — Responder

    En un mes me voy a la India, pero relatas con tanto detalle que me dan ganas de cambiar el destino ya!! ;)

  4. 17 agosto, 2012 a 22:13 — Responder

    Muy bueno el relato. Me lo estoy pasando genial leyendo cada entrada, es como leer un libro. A ver que te pasa en el siguiente capítulo.

    Un saludo.

  5. 19 agosto, 2012 a 11:13 — Responder

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com:    Día 8 El día está lluvioso en Pekín y ha empezado con un No en la recepción del hostel cuando les he pedido si tenían algún teléfono  o podían llamar un taxi para llevarme a la estación de ferrocarril. Como e……

  6. […] te voy a contar todos los detalles, pero lo de la señora del trayecto entre Pekín y Ulaan Bator fue un juego de niños comparado con lo que he tenido que pasar en el trayecto Ulaan Batoor-Irustk. […]

  7. 29 agosto, 2012 a 9:17 — Responder

    JD, ¡que viaje! El trago de los pasaportes y la señora… ufff. A veces es bueno encontrarse con compatriotas, básicamente porque sirve de desahogo, aunque luego se siga solo. Pero esos días acompañados, sientan bien.

    Saludos, majo!

    • 3 septiembre, 2012 a 8:56 — Responder

      Guisantes, cuando vas solo, todo es más flexible pero se echa de menos ese apoyo que acompaña, sobretodo en situaciones nuevas o complicadas. Encontrar al grupo me fue de perlas para pasarlo aun mejor en aquella situación.

  8. fer
    3 enero, 2016 a 3:12 — Responder

    que es el ger to ger? ¿como viajas? ¿vas por libre? ¿sale caro?

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