Las gargantas del río m'Goun.

Las gargantas del río m'Goun.

Hace unos días durante mi viaje-curso fotográfico por Marruecos, surgió la posibilidad de cambiar  un día de cómodo hotel  por una ruta (trekking en lenguaje moderno) por el alto Atlas hacia las gargantas del río m’Goun. Pues ahí que nos plantamos. No es una ruta conocida y por suerte no se explota turísticamante, de hecho éramos el octavo o noveno grupo que llegábamos allí.  En mi opinión es mucho mejor que las conocidas gargantas del Toudra.

En todo terreno por el alto Atlas.

En todo terreno por el alto Atlas.

Tras una emocionante ruta en todo terreno por el Alto Atlas, se llega al campamento base, donde se carga todo en las mulas y se inicia la marcha río arriba. El tema es que puedas hacer trozos andando y cuando te cansas, subirte a la mula para disfrutar de una bonita apertura de entrepierna a ritmo de trote asíncrono de ese simpático animal. Como íbamos a modo de safari fotográfico, decidimos hacer la primera parte del recorrido a pié, cámara en mano, para cazar las mejores instantáneas de las mulas atravesando aquellos parajes (nótese la sutil ironía que esconde esta frase y la siguiente  foto)

Creo que nunca lo habíamos pasado tan bien con semejante tontería. Atravesar el río, que no llevaba poca fuerza en algunos tramos,   cargado de material fotográfico le daba un plus de riesgoaventura al tema. Nadie tuvo que lamentar daños tecnológicos, aunque algún despistado se olvidó el pasaporte y la cartera en bolsillo del pantalón (y esta vez no fui yo).  Las piedrecitas que se te meten en los zapatos dentro del agua, y la velocidad de las benditas mulas, nos dio para acabar molidos y con ganas de subirnos a ellas poco rato después de comer.

Mohamed (uno de tantos que había en el grupo)  susurraba en lengua bereber a su mula durante todo el camino.

Mohamed (uno de tantos que había en el grupo) susurraba en lengua bereber a su mula durante todo el camino.

Es importante llevar buena protección solar y la cabeza y cuello bien tapado. Andando o en mula, el sol aprieta una barbaridad y tienes que protegerte. Dada la situación, qué mejor que un improvisado turbante hecho por Dolós, buena conocedora de la cultura y tradición marroquí. Luego, viendo la foto, haciendo el burro buscando cobertura para lanzar un tuit, he visto que más que un turbante, llevaba una ensaimada de Mallorca plantada en la cabeza. Desde entonces, mis turbantes solo me los hizo personal autóctono autorizado. Obviamente lo del tuit era broma y ni había cobertura ni la queríamos, pero verme en semejante guisa, nos hizo gracia.

¿Se puede hacer más el pamplinas?

¿Se puede hacer más el pamplinas?

El recorrido dura unas tres horas en mula, aunque a esto le tienes que aplicar el factor de conversión bereber, que te contaré en otro momento. En definitiva que fueron más de tres horas. Por el camino conocimos a Fátima un alegre chica que llevamos a su casa de camino y nos invitó a tomar el té. Nos sorprendió la frescura y alegría con la que se nos unió a la ruta. Normalmente, las mujeres marroquíes son discretas y retraídas con los extranjeros. Eso se nota que está cambiando con las más jóvenes. También los más pequeños, curiosos, se interesaron por aquellas gentes un tanto raras que llegaba a sus casas.

Fátima se añadió a nuestra caravana.

Fátima se añadió a nuestra caravana.

Ibrahim el guía sirviendo el té según la tradición.

Ibrahim el guía sirviendo el té según la tradición.

Los más pequeños y los más curiosos.

Los más pequeños y los más curiosos.

Las montañas del Atlas se levantan enormes alrededor del río.

Las montañas del Atlas se levantan enormes alrededor del río.

Con las posaderas doloridas, la entrepierna un tanto escocida y el pasaporte empapado (no el mío), ya teníamos claro que  el concepto de  huevos revueltos se había inventado en Marruecos. Finalmente, llegamos a un pequeño refugio y para nuestra sorpresa, comprobamos que era cierto lo que nos habían contado: Entre el dormitorio y el comedor hay una cascada.

El dormitorio al fondo, junto a la cascada. Me lo parece, o la mula se ríe de mí...

El dormitorio al fondo, junto a la cascada. Me lo parece, o la mula se ríe de mí...

Antes de perder la luz de la tarde, dejamos todo en el campamento y nos subimos de nuevo a nuestras amigas las mulas. En este caso es Moha (abreviación de Mohamed) el encargado del refugio, quien nos lleva hacia las gargantas del m’Goun. Es sorprendente ver en los huecos de las rocas, gente que vive allí  o pastores que pasan con sus rebaños.

Las paredes se van estrechando a tu alrededor según avanzas haca el interior.

Las paredes se van estrechando a tu alrededor según avanzas haca el interior.

No sabíamos lo que nos esperaba, pero según te acercas, te vas haciendo una idea. El paso se estrecha y el nivel del agua sube, hasta el punto que mi mula decidió volverse atrás. Un resbalón de aquel bicho y  al agua con todo el material que llevábamos encima. Ahí no dependíamos de nuestro equilibrio, si no de la habilidad y decisión de la mula, que iba literalmente con  el agua al cuello.

La mula pasando el punto más profundo de la garganta.

La mula pasando el punto más profundo de la garganta.

No hubo más problemas, excepto para las compañeras que disfrutaron de un fresquito baño al escurrirse de la mula en un traspiés de ésta. Por suerte nada grave que quedó en unas risas y unas gafas de sol aplastadas (que no le gustaban a su dueña) y que Moha reparó sin problema para sorpresa (o decepción) de la misma. La disposición a ayudar y la preocupación de esta gente por nosotros es admirable. Muchos operadores turísticos tendrían que aprender de ellos…

Punto de llegada del recorrido.

Punto de llegada del recorrido.

La ruta no acaba allí. Mientras las chicas se secaban al calor de una improvisada hoguera, Moha, nos sube a ritmo de cabra montesa por un camino artificial sobre las rocas,  hasta la cima de la montaña.

El camino de mulas para subir a la cima es una obra de ingeniería.

El camino de mulas para subir a la cima es una obra de ingeniería.

El camino sirve para subir con las mulas y llegar a un poblado nómada en mitad de la otra montaña cercana a unos 3 kilómetros de allí. Es increíble ver que hay gente que vive en aquellos lugares y en aquellas condiciones tan duras de vida. Te hace reflexionar sobre muchas cosas, la verdad.

Vista desde la parte alta de la montaña.

Vista desde la parte alta de la montaña.

Las vistas de la garganta desde arriba son espectaculares y la calma y charla con Moha, sentados en aquellas piedras en voladizo sobre el río, algo de agradecer. El hombre aprovechó para recolectar unas hierbas que ante su similitud al tomillo, pero diferencia en forma y color, acabamos por denominar como rastrojos, y que luego descubrimos nos habíamos tomado en el té de por la noche.

Rafa, con la chilaba de Moha en la piedra en voladizo sobre el río m'Goun.

Rafa, con la chilaba de Moha en la piedra en voladizo sobre el río m'Goun.

Tras el descenso, con las que bautizamos como las trekking-babuchas del compañero Alberto (se había mojado las botas y decidió seguir la ruta en babuchas marroquíes, campechano que es el tío) se deshace el camino por el que llegas. En esta ocasión, las mulas no se lo pensaron y la llegada al refugio fue coser y cantar.

Momento cena a la luz de las velas, Momento cena a la luz de las velas, no porque sea más romántico, sino porque el refugio no tiene luz eléctrica. el refugio no tiene luz eléctrica.

Momento cena a la luz de las velas, no porque sea más romántico, sino porque el refugio no tiene luz eléctrica.

Nos sorprendieron con una ducha con agua caliente y una sensacional cena con el tradicional Tajín marroquí y una sopa que según las explicaciones de Ibrahim (cocinero oficial) llevaba harina, especias y poco más. Intuimos que sería un tanto prefabricada, pero estaba muy rica.

En lo que definimos como posición antimula (cualquiera en la que no tuvieras que tener las piernas abiertas para aliviar así el dolor causado por la posición sobre la mula) se pasó el rato entre comentarios absurdos y risas hasta que el cansancio, el té y las agujetas dieron por cerrada la jornada.

Colchones confortables y fundas nórdicas para no pasar frío.

Colchones confortables y fundas nórdicas para no pasar frío.

El horno de leña calienta el agua para la ducha.

El horno de leña calienta el agua para la ducha.

Por la mañana, después de desayunar, se deshace el camino río abajo a lomos de las mulas. Las primeras horas de sol, iluminan las rocas y el río y dan un aspecto totalmente diferente al que te has encontrado el día anterior por la tarde. Las sombras y los reflejos recortan figuras que invitan a la imaginación.

Al llegar al pueblo, Moha nos invita, com no puede ser de otra manera, a un té acompañado con aceite de oliva y pan para mojar. Todo un manjar para nuestros doloridos cuerpos e impresionadas retinas por todo lo que habíamos descubierto en aquel rincón de mundo.

Té y pan con aceite de oliva como reconstituyente al finalizar la ruta.

Té y pan con aceite de oliva como reconstituyente al finalizar la ruta.

 

 

 

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13 comentarios

  1. 23 mayo, 2012 a 0:07 — Responder

    Unas fotos muy bonitas y un sitio impresionante.

    Un saludo

    • 23 mayo, 2012 a 7:41 — Responder

      Hola Alberto, es una de las rutas más bonitas que he hecho nunca. Las montañas, la luz, y sobretodo la compañía de los guías y gentes que nos íbamos encontrando por el camino fueron algo realmente especial.

      un saludo.

  2. 23 mayo, 2012 a 8:07 — Responder

    No conocia esta zona! Que pasada! Y se nota el profe, que fotos más buenas! Felicidades!

    • 23 mayo, 2012 a 8:55 — Responder

      Gracias Quique!

      El profe ha sido algo sensacional me ha hecho descubrir muchas cosas importantes antes de apretar el disparador de la cámara, y además, he aprendido mucho de él de su forma de viajar, de relacionarse con la gente que te encuentras y de cómo llegar a conocer de cerca una cultura. Grande este Rafa…

  3. Xavier
    24 mayo, 2012 a 1:50 — Responder

    En dos palabras: IM-PREZIONANTE!!!

    Por cierto, me refiero tanto al lugar, como a las fotos y las experiencias que explicas! :-)

    Chapeau!

  4. 4 junio, 2012 a 11:15 — Responder

    Que buena pinta tiene la zona… Me encanto el post!! :)

  5. Juanan
    4 septiembre, 2012 a 19:48 — Responder

    ¡Vaya! Yo presumiendo de haberme alojado 2 veces en la kasbah Itran y de haber hecho en varias ocasiones las gargantas del Todra y del Dadès, y no conocía esta otra ruta. Felicidades por las fotos y por la experiencia, y tomo buena nota para la próxima vez, que será en primavera de 2013. Ya haré por averiguar dónde localizar al guía, y por llevar algo impermeable para el equipo, no vaya a tener menos suerte que vosotros… ;-)

    • 9 septiembre, 2012 a 21:22 — Responder

      Juanan,

      no dejes de hacer la ruta, es preciosa. Cuando te pongas a organizar el viaje, si necesitas datos me avisas.

  6. […] hoy sí que es mía -qué menos para empezar. Pertenece a mi viaje por Marruecos de hace ya un tiempo. Un atardecer en un lugar indeterminado de la carretera de camino al valle de […]

  7. laura
    20 mayo, 2014 a 21:01 — Responder

    hola!!despues de ver tu ruta me gustaria que me pudieras dar informacion sobre donde contactar los guias y como hacer la ruta…si te acuerdas aun!!gracias!!

    • 21 mayo, 2014 a 9:56 — Responder

      Laura, pues no te puedo decir, porque la ruta no la hice yo en persona, sino una amiga. Creo que era una agencia de Barcelona, pero no te sé decir.

  8. 28 julio, 2014 a 14:12 — Responder

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